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sábado, 24 de julio de 2010

:: LECTURA ::
 
JERUSALÉM, PUERTA DEL
CIELO Y DEL INFIERNO
 
del polifacético escritor,
FRANCISCO TORRES ROBLES
 

 
 
 

 
JERUSALÉM, PUERTA DEL
CIELO Y DEL INFIERNO

del polifacético escritor,
FRANCISCO TORRES ROBLES
 

Dicen que esta ciudad de Oriente Medio cosió con retazo su pasado de sueños truncados. Por eso, hoy, brinda las más bellas contradicciones, los más variopintos rostros y las más caóticas hermosuras, capaces de hacer perder la cordura y
enamorar el alma.
 
-Bruce Chatwin.
Aún no ha salido los primeros rayos, cuando el muecín llama a la primera oración, desde algún minarete, de las trescientas veinte mezquitas que hay en la ciudad. Ni siquiera los nativos de esta ciudad dejan de estremecerse ante la voz metálica del muecín, cuando al amanecer rompe el silencio denso y vacío, como un desierto, de plazas, patios, terrazas... de esta añeja Ciudad. Con diecinueve siglos antes de que naciera Cristo, ya se le cita en la Biblia con el nombre de Salem, fue la ciudad de Abraham, de David, de Salomón, de Nabucodonosor, de Herodes el Grande, el escenario de la condena, muerte y resurrección de Jesús. Los egipcios fueron los primeros que le dieron el nombre de la Ciudad de la Paz “Urusalimu”.
 
Sin embargo la amarga ironía es que se llama la “Ciudad de la Paz”; cuando en ningún lugar del mundo se ha luchado con tanta pasión y se ha odiado tan profundamente como en la ciudad de las calvas grises y colinas rocosas de las montañas de Judea. Pero tampoco, en ningún lugar del mundo se ha luchado con tanta pasión y se ha odiado tan profundamente como en la ciudad de las calvas grises y colinas rocosas de las montañas de Judea. Pero tampoco, en ningún otro lugar, se ha rezado tanto y tantas oraciones por la Paz como en Jerusalém.

Apenas han pasado las ocho de la mañana y en el autobús estamos todos medios dormidos. Todos somos treinta y ocho viajeros españoles, pertenecientes a diferentes ciudades españolas. Venimos en viaje oficial para conocer el país y mantener reuniones con nuestros homólogos israelitas. El conductor, un joven nativo de treinta y pico de años y de sonrisa fácil, ha colocado delante del autobús un cartel pintado en azul, con el que nos da la bienvenida. Antes de iniciar el recorrido, Juan Bercovich, el guía, se presenta: tiene cuarenta y dos años y hace quince que emigró de Polonia. De trabajar en un kibbuts a guía de turismo, previo curso y ánimo de cambio. No le interesa una novia. Habla el inglés a la perfección y el castellano menos, aunque se le entiende perfectamente. Los guías que hablan varios idiomas, salvo el inglés, que lo hablan todos los ciudadanos, llegan a ganar más de 1.900 € euros al mes en temporada alta.
 
El sueldo medio está en 1.200 € mensuales. El autobús se encamina hacia el Monte Skopus, un mirador excepcional para ver desde lejos la Ciudad Antigua. En apenas diez minutos, frena y comienza esta historia de turismo no tradicional. Todos abajo. Apenas han pasado las ocho de la mañana cuando un enjambre de vendedores de todas clases de baratijas, se nos pegan como las abejas a un panal. Hasta la llegada del siguiente autobús, que tardó menos que dura el ojo en parpadear. Por fin, el enjambre se fue a otro panal, en esta ocasión, de yanquis. Ciertamente merece la pena deleitarse con la panorámica que ofrece desde aquí el casco viejo. De entre todos sus monumentos sobresale la imponente cúpula dorada del Domo de la Roca.
 
Abajo, se halla el Huerto de los Olivos, vede y fértil, y, en la actualidad, con más capillas e iglesias que olivos. Juan, el guía, no pierde el tiempo y nos comenta que este lugar se sitúa al Este de la Ciudad Antigua, declarada Patrimonio de la Humanidad, en el año 1.981, por la UNESCO, –decía- “se halla rodeada de una muralla de más de cuatro kilómetros de longitud. Los constructores de esta impresionante muralla de piedra, fueron artesanos musulmanes, que llegaron con las tropas de Suleiman a la región en el siglo XVI para combatir a los reyes cristianos que se habían apoderado de la Ciudad Santa. También, aquellos musulmanes, dejaron ocho puertas, con todas las trazas de la arquitectura árabe de aquella época. Siglos después, una de ellas fue cegada por ellos mismos, por temor a que se cumpliera la profecía que anunciaba la entrada deJesús por la puerta de la Misericordia, al final de los siglos” –continúa diciendo- “justo debajo de nosotros se halla el cementerio judío y varias basílicas.
 
Entre ellas, destaca la iglesia rusa de María Magdalena, que se distingue por las siete cúpulas doradas. Más abajo, a la izquierda, se alza la iglesia de Todas la Naciones, llamada así porque su construcción corrió a cargo de doce países diferentes”-. Jerusalén es consciente de que el turismo es una de sus principales industrias, tan importantes como la compañía farmacéutica de medicamentos genéricos más grande del mundo, Teva Pharmacéuticals, como el afamado sistema de riego por goteo, las grandes producciones de cítricos o la tasa más alta más alta del mundo per cápita en títulos universitarios o el tanque de agua, calentado por el sol, que convierte la energía solar. La siguiente visita es a la Ciudad Vieja. -La Ciudad Vieja está dividida en cuatro barrios, de mayor a menor, el barrio árabe, el barrio judío, el barrio cristiano, y el barrio armenio; el barrio judío fue expandido a partir de 1967- Apenas hemos puestos un pie en el asfalto, tan caliente como una pava ardiendo, cuando un nuevo control nos detiene una vez más. Llevamos un par de día en Jerusalém y cada vez me cuesta más sobrellevar algunas incomodidades del trato. Están empezandoa tocarme las narices.
 
Por contra nuestro guía ha conectado muy bien connuestro grupo y rapidamente comienza sus explicaciones. Nos hemos detenidos frente al Muro de las Lamentaciones y como colegiales rodeamos a Juan Bercovich, que nos comenta: -”Este es el lugar más importante para los judíos. Último remanente del templo judío construido por Herodes sobre las ruinas del templo de Salomón. Comprende el Muro Occidental, sección principal del Muro, ubicado en el vecindario judío de la Ciudad Vieja; y el Pequeño Muro, extensión del Muro Occidental, ubicado en un vecindario árabe, es lugar de oración para los judíos ortodoxos"-. Mientras nuestro guía sigue con sus comentarios, como es habitual en mí, me aíslo del resto y comienzo mi visita particular: En este pequeño trozo del Muro los judíos se agolpan, unos sentados en sillas de plástico, otros de pies, con una mano sobre el Muro, y los que más pasean entre el murmullo de gentes; pero todos, mientras recitan su plegaria, la acompañan con una forma de balanceo hacia delante y hacia atrás, intentando concentrar en aquella oración toda su mente y todo su cuerpo. Como si todo aquello formara parte de una gran escena, y yo uno de sus actores, me dejo conducir y escribo un deseo en un papel de mi libreta y lo encajo en una hendidura del Muro.
 
Mi camino me lleva, sin pretenderlo hacia la Vía Dolorosa. He pillado una cofradía de cristianos de los que cantan en cada una de las estaciones. Me la salto del tirón. La ciudad Antigua es una colección de monumentos perfectos, y la perfección a veces ofende. Tiene demasiados rincones que parecen diseñados para una postal de fondossepia y miradas perdidas en el horizonte. Hubo momentos en que, sin buscarlas, uno se encuentra con imágenes de una belleza exagerada: rayos de sol que se cuelan por los balcones de una callecita tortuosa y se estrellan contra los bazares multicolores.
 
Hay escenas de un lirismo natural como la que se repite todos los días en una esquina de la calle Ha – Gay (El Wad), en donde una joven de no más de quince años, sentada en el suelo, vende dulce de coco y enmudece ante la mirada de todos los que pasan.. O la señora del bazar “Dier El Mawarneh” que sentada en un banqueta enclenque, grita las propiedades que adornan sus flores silvestres. Junto a estas escenas inolvidables, cuesta encajar a militares que me recuerdan la España de los 60 y 70 en que cualquiera que llevara uniforme (aunque fuera de conserje) se sentía en la obligación de mirarte de arriba abajo y contestar mal si le apetecía. Jerusalém se está volviendo, año tras año, un lugar recalcitrante, airado, donde ha empezado a calar lo policial como forma de convivencia y también como observación del extraño. Tanto muro se está colando en la psicología de los sujetos. (Ayer por cierto, en la franja de Gaza, los palestinos lanzaron caballos cargados de explosivos contra un campamento militar israelí, nueva táctica: porsupuesto, ni los caballos, ni sus conductores llegaron al objetivo. Murieron, me dicen los de aquí, cuatro palestinos. La noticia como es natural no llegó a medio mundo, entre ellos España. Si Jesucristo viviera y quisiera predicar en la zona palestina de Jerusalém, tendría que conseguir un salvoconducto para poder hacerlo. De lo contrario, al tratar, la ciudad donde él nació, llegaría hasta una muralla alta, tosca donde una cuadrilla de militares le impediría cruzar. Y le seguimos llamando Tierra Santa. En nuestra programación, había un día de visita a Belén; pero decidí conocerla por mi cuenta Al día siguiente, sábado, abordé un autobús en la Puerta de Damasco de la Ciudad Vieja, para llegar, por mi cuenta, hasta ese lugar aparentemente conflictivo.
 
Parecía una jornada serena y pasiva para los judíos, sobre todo para los ortodoxos, que comenzaban a vivir su ritual religioso de cada sábado (el shabbat), vestidos de riguroso negro. En el autobús sonaba Fairuz, una famosa cantante libanesa. El volumen alto de la música apagaba las conversaciones lejanas de los pasajeros. Todos debían atravesar la muralla de control que dividía sus vidas en dos: Israel – el trabajo- (la muralla), Palestina -su casa-. Cuando el autobús se detuvo, la música se esfumó sin advertencia.. Todos los pasajeros fuimos saliendo en orden y en silencio. Fuera estaba esa muralla de ocho metros de alta. La sensación de sentirme indefenso y de mareo se me hizo patente, pero que pude controlar. Ya me había ocurrido, en otras ocasiones, como Venezuela, Crimea.Entonces un rostro llamó mi atención: era la joven de no más de quince años de la calle Ha – Gay (El Wad), en donde vende dulce de coco y flores, y queiba sentada frente a mí en el autobús.
 
-Todos los días es lo mismo -me dijo la joven con una amplia sonrisa y añadió -hay que esperar dos o más horas en un trayecto que no debería tardar más de veinte minutos.

Hablaba a través del velo negro que la cubría; pero su luminosa sonrisa se apagó de súbito cuando un soldado israelí, escuálido y de unos veintidós años, la empujó hasta la interminable fila de control. Allí quedó ella y su hijo, reducida, nerviosa y con la mirada en el suelo. Él, sin embargo, parecía adoptar esa imagen fuerte que parece emanar de todo uniforme y de la metralleta que colgaba de su brazo derecho. Pero lo que más me llamó la atención fueron sus gafas de culo de vaso, que ataba con una cinta las patillas. Las personas que formábamos aquella fila, se acomodaban para esperar su turno de paso ante una ventanilla que llevaba el descolorido título “Control Militar” en tres idiomas: árabe, hebreo e inglés. De vez en cuando, un soldado quebraba la fila y, cargando su M-16, se abría paso abrupto entre nosotros para llevarse con él a algún palestino que le había tocado en suerte y, al que se le prohibía el paso, por sospechoso.
 
-Esta es nuestra realidad, tenemos que vivir como extranjeros en nuestra propia tierra -dice la joven con los ojos tristes-. La joven vivía en Belén y después de pasar el control, en escasos segundos, la perdí de vista para siempre.
 
Veinte siglos después de nacer el hijo de Dios, aún continua este lugar con ese ambiente pueblerino, acogedor y religioso. Ahora entendí porqué se le llama Tierra Santa.

Belén está aislado del resto del mundo por esa muralla de ocho metros que avanza entre terrenos, barrios y edificios a lo largo de setecientos cincuenta kilómetros (seis veces la extensión del muro de Berlín). Deseo finalizar este relato del viaje a Jerusalém en honor a la frase de un cabecilla perteneciente a un Kibut, durante una entrevista, que me impactó por su gran personalidad:
 
“El pueblo judío y el pueblo palestino están condenados a entenderse, y cuanto antes, el resto de naciones colaboren en ello, antes finalizará este conflicto”.
 
Francisco Torres Robles
 

Modificado el ( miércoles, 29 de septiembre de 2010 )
 
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