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sábado, 03 de abril de 2010

 
"LA GASTRONOMÍA DE LAS HURDES"
 
escrito por el periodista,
D. Francisco Torres Robles
  
 :: COMARCA DE "LAS HURDES" ::
CÁCERES
 
 
 


La Cocina Hurdana
 
 
 
He aprovechado este fin de semana para acercarme hasta el hotel-restaurante “Montesol”, se encuentra en la localidad Casares de Hurdes, en pleno corazón de Las Hurdes. Su acceso se realiza a través de un paisaje de extraordinaria belleza. Y al estar situado en la misma Plaza Mayor, su estacionamiento es de gran facilidad, lo cual es de agradecer.
 
Montesol se caracteriza por una nota que lo distingue y es el culto que en sus mesas se hace a la comida hurdana. Comida carente de todo tipo de artificio y de sabores naturales en contraste al estilo moderno del edificio donde se enclava el restaurante. Uno lamenta que los constructores no se hayan inspirado en la arquitectura popular hurdana. ¡qué le vamos a hacer!.
 
El hotel tiene tres plantas y el “gastronómada” acompañado de Mario, un cura, que a pesar de su juventud, sabe de estas tierras más que nadie, se acomoda en el comedor, amplio como una nave, que es la planta baja, desde cuyos ventanales se divisa un paisaje desolador: los restos del último incendio que arrasó a Las Hurdes. En su interior, Tani regenta el mesón más antiguo de Las Hurdes. Recuerda cuando hace ochenta años sus antepasados tenían una posada, en una alquería mas abajo, “La Machacona”:“nadie en ella se sentía extraño, ni el médico ni el mendigo”, comenta este hurdano de los pies a la cabeza. Hoy este mesón solo tiene quince mesas y el mismo menú de entonces: el cabrito cochifrito. (6 €) La única manera de comerlo aquí es mediante reserva. (927 67 61 93 ).
 
Las mesas están adornadas con ramos de lavanda y brezo blanco y lila. A la mesa nos llegan un buen surtido de rodajas de chorizo y lomo, lonchas muy finas de jamón ibérico y queso de cabra curado. Se ha dicho siempre , y es verdad, que los quesos extremeños se han consumido siempre curados los de oveja y frescos y curados los de cabra. El sabor de estos quesos de cabra es variado como corresponde a la variedad de tipos, pero, por lo general, suele ser un poco salado, mantecoso, ácido y húmedo al paladar. Los conservados en aceite, como este que me sirven, ofrecen un gusto más picante y los que se le unta con aceite de oliva o pimentón alrededor desarrollan una costra que le conservan mas tierno y poseen el lógico aroma del aceite de oliva o del pimentón. Estos entremeses vienen acompañados con un buen vino de pitarra, ese vino que se elabora en pequeñas cantidades para el consumo familiar y que, todo hay que decirlo, es áspero, de color a tierra mojada y que sólo se sirve para acompañar a estos productos de la tierra. Y el pan, como se dice en la capital, es pan de pueblo. Tierno, lleno de migajón y con una corteza crujiente y blanda, a la vez.
 
Las “papas meneá” que sigue a todo ello, vienen servidas en cuenco de barro y son tan densas que resucita a los muertos. Se compone de papas hurdana -que bien fritas son muy placenteras-, pimentón de la Vera, torreznos, aceite de oliva y sal. El secreto está en las plantas aromáticas de los alrededores rocosos como el tomillo que le dá ese “sabor intenso y fresco”.
 
En Las Hurdes, el cabrito es habitual, en contraste con el resto de la provincia cacereña, donde el cerdo es el rey de la mayoría de los platos. Montesol nos lo sirve en salsa a la que no falta el aceite, ajo, vinagre y el polen de las abejas de la región, cuya miel es uno de los productos más exquisitos que se dan en esta comarca serrana. Se trata de un “chivino” de dos o tres meses que tan sólo ha sido alimentado con la leche de la madre; cuando ya es de un año le llaman chivo y el animal ha comido hierba.
 
La Cocina Extremeña ofrece múltiples preparados de cabrito, destacando el cabrito en guiso de los Pastores con aceite, ajo y pimiento de los morrones y el “cabrito cochifrito” que lleva pimentón, laurel, perejil, ajo y guindilla. Todos son platos apegados a la tierra que tienen como elemento básico a este animal, cuya carne es enjuta, entera y muy aromática, de forma que sus guisos y asados no precisan de ningún acompañamiento para obtener un sabor auténtico. “Y comerlo con las manos” como nos aconseja Tani.
 
Para postre nos sirvieron el llamado “matajambre” (3 €), constituido por pan frito, huevo, leche y miel, servido en taza y todo en frío. En otros lugares de Las Hurdes lo llaman “repápalo” y se come, al ser menos líquidos, en platos hondos. Sin embargo el más característico de los postres hurdanos es el de las castañas peladas, servidas en un cuenco de barro, con leche y previamente cocidas con agua para reblandecerlas y que, retiradas de ella, vuelven a cocerse en leche, con la que se toman. Lo llaman “socochones”.

El gran éxito de la sobremesa se lo llevó el “Ciripolen”, un brebaje que prepara Cirilo –de ahí su nombre- con el polen de las plantas. Cirilo al polen le añade leche desnatada, fructuosa, miel, cacao y aromas naturales obteniendo un brebaje que, según dice, tiene efectos excepcionales de rejuvenecimiento del sexo. Pusimos tanta esperanza al consumirlo que su sabor natural y algo dulzón pasaron desapercibidos. La comida concluyó brindando con un aguardiente con miel, que obliga a este viajero volver a esta vieja tierra de Las Hurdes.


Francisco Torres Robles
Periodista - Colaborador de MundoExtremadura.com

La Cocina Hurdana

 


Modificado el ( miércoles, 30 de septiembre de 2015 )
 
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